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Deficiencias nutricionales a partir de los 50 años
09/02/2015

Deficiencias nutricionales a partir de los 50 años

Debido a los cambios físicos, sociales y emocionales que se experimentan progresivamente con el proceso de envejecimiento, las personas mayores de 50 años se van constituyendo en un grupo poblacional con particular vulnerabilidad nutricional.

Estas modificaciones fisiológicas pueden repercutir en distintos momentos del proceso de alimentación, dificultando así la cobertura de las cantidades mínimas recomendables de nutrientes 1, 2, 3.


  • En la compra: la falta de recursos económicos condiciona la cantidad, calidad y variedad de alimentos a adquirir; la invalidez física y la alteración de funciones mentales que se pueden observar a medida que se avanza en edad también restringen las posibilidades de acceso y/o selección adecuada de alimentos. Estos últimos factores pueden incluso incidir sobre la elaboración de las comidas.
  • En el consumo: el aislamiento social de las personas mayores que se observa en muchos casos puede reducir el interés en la alimentación; la pérdida del gusto y el olfato impide apreciar el sabor y aroma de los alimentos reduciendo el placer por las comidas; la falta de piezas dentarias y/o el uso de prótesis defectuosas limitan el consumo de cierto tipo de alimentos que requieran mayor masticación. Por otro lado, la disminución de la salivación también afecta el consumo de algunos alimentos.
  • En la digestión de los alimentos y absorción de los nutrientes: la menor secreción de ácido clorhídrico y factor intrínseco por parte del estómago dificulta la digestión de los alimentos y la absorción de vitamina B12, respectivamente; la menor secreción de enzimas pancreáticas también limita la digestión de algunos nutrientes; la disminución de la actividad de la lactasa, enzima que degrada el azúcar de los lácteos, genera cierta intolerancia a este grupo de alimentos; las vellosidades del intestino delgado se acortan y ensanchan, ocasionando cierto grado de malabsorción de calcio, hierro, vitamina B12, ácido fólico y zinc.

Tomando en cuenta estas consideraciones, se podría decir que uno de los objetivos más importantes con este grupo poblacional es mantener un estado nutricional óptimo, asegurando un aporte adecuado de energía y nutrientes.
Específicamente, se debe prestar atención a los siguientes 1, 2, 3.


  • Vitaminas del complejo B: el déficit de B6, B12 y ácido fólico contribuye al deterioro cognitivo; a alteraciones en el metabolismo de la homocisteína, aumentando el riesgo de padecer enfermedades vasculares; trastornos de la función mental como la enfermedad de Alzheimer;  y en el caso de déficit de vitamina B12, a anemia megaloblástica. Vitamina B1: diversos estudios demostraron que un 70% de los adultos mayores presenta déficit.
  • Vitamina D: debido a que la síntesis de esta vitamina ocurre como consecuencia de la exposición solar, las personas mayores que viven recluidas pueden sufrir déficit de este nutriente, contribuyendo a agravar la pérdida fisiológica de masa ósea, aumentando así el riesgo de fracturas. De cualquier manera, también se debe tener en cuenta que con la edad disminuye la capacidad de la piel para sintetizar la vitamina a partir de la luz solar.
  • Vitamina C: por su acción antioxidante se recomienda su uso en la prevención de enfermedades crónicas como aterosclerosis, cataratas, cáncer, deterioro cognitivo o inmunodeficiencia.
  • Otros nutrientes importantes para esta población son: la luteína, que podría ayudar a prevenir el desarrollo de cataratas y degeneración macular (las dos causas más comunes de pérdida de visión en las personas mayores), y el licopeno, que tiene efectos antioxidantes, antiinflamatorios y quimioterapéuticos sobre enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y algunos tipos de cáncer4,5.
  • Calcio: la ingesta recomendada de este mineral para los mayores de 50 años es mayor con respecto a la de los adultos más jóvenes debido a que la absorción disminuye a medida que la edad avanza, probablemente en relación con las modificaciones que ocurren con el metabolismo de la vitamina D.
  • Por último, la ingesta de variedad de fármacos tan habitual entre las personas mayores, junto con la malabsorción fisiológica que ocurre a medida que se progresa en edad pueden ocasionar también déficit de cobre, manganeso o selenio.

Teniendo en cuenta estos puntos, es innegable la necesidad de considerar la posibilidad de incorporar suplementos de vitaminas y minerales para cubrir los requerimientos de esta población tan vulnerable desde el punto de vista nutricional6.

Cuando las dosis diarias recomendadas de vitaminas y minerales no se obtienen de la dieta, es recomendable un suplemento multivitamínico para sentirse bien y estar saludables7.

1 De Girolami D, González Infantino C. Adultez mayor y ancianidad. En: Clínica y terapéutica en la Nutrición del adulto. Editorial El Ateneo, p: 103 – 120, 2008.

2 López L, Suarez, M. Nutrición en los adultos mayores. En Fundamentos de Nutrición Normal. 1º edición, El Ateneo, p. 376-388, 2002.

3 Meertens L, Solano L. Vitamina B12, ácido fólico y función mental en adultos mayores. Invest Clin 46(1): 53 - 63, 2005

4 Bojórquez R, González Gallego J, Sánchez Collado P. Propiedades funcionales y beneficios para la salud del licopeno. Nutr Hosp. 2013;28(1):6-15.

5 Chen J, Song Y, Zhang L. Lycopene/tomato consumption and the risk of prostate cancer: a systematic review and meta-analysis of prospective studies. J Nutr Sci Vitaminol, 59, 213-223, 2013.

6 González MJ et al. El fenómeno del hambre oculta: El impacto sobre la salud de la deficiencia o insuficiencia crónica de micronutrientes. GALENUS, 2013. http://www.galenusrevista.com/El-fenomeno-del-hambre-oculta.html

7 González MJ et al. El fenómeno del hambre oculta: El impacto sobre la salud de la deficiencia o insuficiencia crónica de micronutrientes. GALENUS, 2013. http://www.galenusrevista.com/El-fenomeno-del-hambre-oculta.html